
No recuerdo cual fue mi primer edad. Tal vez fue a los 13 cuando descubrí lo sexual en las mujeres, no sexo, sino lo sexual. Podría ser también a los 15, cuando mi status me presentó ante sociedad.
Mi segunda edad sin duda alguna es a los 28 años, donde creo que empiezo a conocerme. Y me doy cuenta. Me veo como la gente me ve, y sin lugar a dudas creo que es lo principal en el crecimiento personal. Además de que me he puesto al cuidado de mi mismo, y día a día repienso lo mismo hasta que me lo voy creyendo más y más. El secreto es sufrir. Solo. Estar solo y no tener a nadie más a quién ver. Con quién hablar, mas que uno mismo. Después de esto viene lo inevitable; el otro. El otro es mi referencia y de dónde parto para rectificar lo que había pensado de mi mismo. El otro es todo lo que no soy. Da miedo y por eso creo que la mayoría de la gente es un poco introvertida en la vía pública, pero ese otro es la referencia que necesitamos para poder diferenciar. Ser dos es demasiada carga para mi mismo, para todos mismos. Ser dos es ser todo lo que se es, y todo lo que no se es. Ser dos es complementarse. Ser más es caos.
¿Y cuál es la verdad? Conocerse a si mismo. Conocerse a pleno. Conociéndose uno mismo a pleno, podemos detectar inmediatamente en el otro, su forma interna, lo que nos quiere aparentar ser y lo que no es. Lo interior que se vuelve superficial en cuanto lo notamos, tanto que nos conocemos y sabemos lo que somos y lo que exteriorizamos.